The assistant

Autoría: Eva Zofío

Brillante película “The Assistant”, en la que la directora Kitty Green, no sólo nos muestra una angustiosa historia de abuso y acoso sexual y laboral, sino que, prácticamente nos la hace vivir durante los 80 minutos que dura la película. Green no nos cuenta lo que pasa, sino que, nos muestra lo que ocurre en un entorno laboral asfixiante, desde un silencioso y angustioso ritmo pausado, pero imprescindible, sin que veamos prácticamente nada explícito. Vivimos una jornada laboral en la vida de Jane, una joven con aspiraciones a productora, asistente de un poderoso ejecutivo de la industria del cine. Basándose en la figura de Harvey Weinstein, la directora nos sumerge en la dinámica de poder, que se da en tantos entornos laborales. La cinta está cargada de simbolismo, éste será el que nos irá mostrando una historia que roza casi el terror. El acoso y el abuso están tan normalizados en la estructura de la sociedad y las empresas, que las personas que las integran parecen estar anestesiadas con lo que ocurre a su alrededor. Todos ven, pero parecen estar ciegos, todos saben, pero nadie habla. Nadie se siente responsable, pero de alguna forma todos lo son. Green nos sumergirá en esa claustrofóbica atmósfera y nos irá mostrando, lo que todo el mundo ayuda a tapar.

Voy a analizar todo lo que me ha evocado el vestuario y aspecto de Jane (interpretada por una soberbia Julia Garner) y seguiré con las distintas situaciones y personajes que consiguen conformar el atosigante ambiente, por lo que desvelaré aspectos de la trama a partir de ahora. La delicada blusa color rosa palo, que viste Jane durante toda la película, nos da mucha información. Una blusa delicada y suave, parecida a una segunda piel, como si la protagonista no tuviera nada que la protegiera del exterior, como si fuera casi desnuda en un ambiente hostil y peligroso. Nos recordará pues, su vulnerabilidad y su inocencia. Una blusa que intenta reflejar su aspiración social. Esa segunda piel que apenas le da protección y que deja traslucir una cadenita como casi única señal de su personalidad, en un entorno en el que se anula toda individualidad.

Su pelo, que se ve que es ondulado y con movimiento, permanece recogido todo el tiempo, sin que se mueva un solo cabello, completamente domado y contenido.

Jane se cortará en el dedo índice de la mano derecha al principio de su jornada laboral. El dedo índice representa el dedo acusador, el cual tendrá que vendarse con una tirita, quizá como preludio de que finalmente no podrá llevar a término su denuncia.

Por otra parte, tenemos al omnipresente jefe, el depredador sexual, que casi siempre está ausente. Aunque no le veremos nunca, sabremos que está ahí, controlando absolutamente todo. Este tipo de personalidad psicopática, integrada en la sociedad, tan frecuente en las altas esferas empresariales, perciben y tratan a las personas como si fueran objetos, utilizándolas para su propio beneficio, sin sentir ningún tipo de empatía, ni de remordimiento. Utilizará, tanto a las personas de las que abusa, como a las personas a las que manipula para que le tapen sus tropelías. Green refleja a la perfección el ciclo del maltrato y abuso emocional que ejercen estas personas y la tupida red de complicidad encubierta que crean para mantenerse a salvo.

Del jefe sólo escucharemos su voz desde el otro lado de la puerta o a través del teléfono, generando una angustiosa tensión. Seremos testigos de las humillaciones y vejaciones, del abuso emocional al que somete a Jane y de los posteriores correos de disculpa que ésta le tiene que escribir y que hace bajo una mirada llena de terror. Porque el miedo es utilizado por este tipo de personas para someter y controlar la conducta de los demás. El monstruo utilizará, entre otras cosas, el refuerzo intermitente. Halagos inesperados intercalados con los castigos y humillaciones, para generar dependencia, culpa y también esperanza en Jane de poder ascender laboralmente, por lo que se sentirá bloqueada y coaccionada a la hora de denunciar las injusticias y los abusos sexuales que sabe que están ocurriendo.

Para añadir más tensión a la situación, presenciaremos las llamadas desesperadas de la esposa, que tremendamente humillada le pide explicaciones y respuestas a Jane, de las propias vejaciones por las que le hace pasar a ella misma su marido.

Los mediocres compañeros de la protagonista, que la cargarán con más presiones de las que ya tiene, y que mirarán para otro lado ante todo lo que ocurre.

Los secuaces, que oprimen aún más la angustiosa situación, y que son una extensión del propio jefe en su ausencia. Los tentáculos del depredador.

Green nos muestra de manera magnífica, la manipulación que realiza el poder a través de la soledad de las personas. Una soledad que es provocada por ese mismo poder, con esas jornadas interminables, en forma de aislamiento, cansancio y estrés, ingredientes esenciales para que una persona baje la guardia y sea altamente manipulable. Tenemos también, para generar más angustia, las voces en off de la madre y el padre, que oímos a través del teléfono, orgullosos por el “éxito” de la hija y comprensivos por su falta de tiempo, y que hacen que a ésta le resulte más difícil hablarles de la situación. El no querer preocupar, ni decepcionar a unos padres ajenos por completo a la situación abusiva y estresante que está viviendo su hija.

Vemos a Jane tener que recoger y limpiar las pruebas del abuso a otras mujeres, pendientes olvidados o gotas de deseo del sofá.

La tirantez que genera la presencia molesta de los hijos del monstruo, tanto para el propio padre, como para todos los demás. El comportamiento histriónico de la hija a la que Jane tiene que cuidar, es otra situación más que nos deja sentir la frustración y contención de la protagonista, al mostrarnos las tareas de las que tiene que hacerse cargo, tan alejadas de su preparación y valía, a cambio de estar trabajando en una “gran” empresa.

Tener que ordenar y limpiar todo lo que los demás dejan por medio, siendo invisible para todos ellos.

Ver aparecer por el despacho a distintas mujeres jóvenes y guapas que después son alojadas en hoteles de lujo que ella misma ha tenido que reservar. Incluso deberá acompañarlas. Verse en la tesitura de enseñar a una de esas jóvenes, una guapa camarera sin cualificación, para que desempeñe el mismo trabajo que Jane realiza, gracias a su preparación universitaria.

Esa entrevista agónica en Recursos Humanos en la que Jane curiosamente no se quitará el abrigo, el cual, se convertirá en su única protección. Se encontrará con un hombre sabedor de todo lo que ocurre y que, mostrando una falsa confianza, no querrá entender ninguna de sus palabras. Dándole la vuelta a la situación, apelará a los supuestos celos y al estrés de Jane, como causa de la denuncia. Además, mediante la coacción y el miedo, la invitará a dejarlo todo como está. La humillante frase con la que se despedirá de ella, “no te preocupes no eres su tipo”, le dejará claro que sabía de lo que le hablaba en todo momento.

Comprobar a continuación que no existe ningún tipo de confidencialidad, sufrir la humillación y las consecuencias negativas de su intento de denuncia por parte del jefe-psicópata al que ha ido a acusar. Obligada a pedir perdón. Recibir inmediatamente un refuerzo positivo. Desconcierto absoluto. De nuevo el abuso emocional que la deja bloqueada y desconcertada.

Una Jane honesta, íntegra, inteligente y brillante, llega a un ambiente podrido en el que pretende hacer bien las cosas. Ella que quiere ayudar a otras mujeres de los abusos y las injusticias a las que son sometidas, que no quiere mentir a la esposa de su jefe, que quiere sacar a la luz toda la porquería que está viendo, será aplastada por el mismo sistema para que no hable. Y nadie la ayudará. Nadie.

Green nos muestra magníficamente cómo se produce y sostiene el abuso, a través de un fino entramado, en el que todas las personas colaboran, a veces sin apenas saberlo, mediante su silencio. El funcionamiento de un sistema perverso que protege al depredador. Una historia, donde los protagonistas son el ocultamiento, la contención y el miedo, éstos que siempre han acompañado a las víctimas en todo tipo de abusos.