Adela Muñoz nos trae a Hedy Lamarr y George Antheil

Autoría: Paula Gondim

Adela Muñoz Páes, catedrática de la Universidad de Sevilla, nos ha demostrado un importante hecho de las comunicaciones: que tienen sus bases en un excepcional invento de dos grandes artistas, Hedy Lamarr y George Antheil. «Yo voy a hablar de una pareja que parece que sería como el prototipo de una musa y de un genio… Pero la realidad es un poquito más compleja.»

Hedy Lamarr nació en Viena a comienzos del siglo XX, fue hija única y desde muy pequeña demostró demasiados dotes intelectuales. Aunque siempre quiso ser estrella del cine, lo que le llevó a dejar los estudios a los 16 años para ir a Berlín a hacer una película. En realidad, nunca estudió ingeniería, pero tenía gran curiosidad y era estimulada por su padre, que contestaba las cuestiones técnicas que ella planteaba: «Fue calificada como ‘la chica más guapa del mundo’, y es difícil llegar a lo que había detrás, por la cantidad de fotos que hay de su cara muy hermosa, pero en realidad era una mente maravillosa».

Con 17 años estrenó su primera protagonista, del director Gustav Machatý, rodada en Praga. En esa película, Ekstase, la rodaron desnuda sin que ella consintiera, le dijeron que no se le veía en una escena que se bañaba desnuda en un lago por la noche. Lo que hoy sería considerado una violencia contra la mujer. Ella se enteró junto a sus padres en el estreno de Viena, todos abandonaron la sala al verlo. En ese momento, la película que fue un suceso, también la persiguió y fue un escándalo, de lo cual ella fue considerada culpable de esta «gran desvergüenza». Algo que seguimos viendo hoy en día, cuando las víctimas de algún tipo de violencia de género, son en diversos grados consideras «culpables».

Esto le dio desde muy temprano el estereotipo de «sex symbol» y de una mujer cargada de erotismo. Pero cuando pensaba que su imagen había sido completamente dañada, fue invitada para hacer un musical sobre la emperatriz Sissi, lo que le sirvió para mejorar su imagen debido al éxito del musical. Antes de cumplir los 18 años se casa por primera vez, con un importante empresario de armas de Viena, Friedrich Mandl. El financiaba los partidos de extrema derecha, o sea, las armas del ejército de Mussolini y después, de Hitler. Hedy que era muy inteligente, asistía a las reuniones de su marido, en las que hablaban de cuáles eran los principales requisitos que deberían tener los torpedos, los barcos, de cañones, etc., para fuesen eficientes.

Mandl torna su vida en una especie de cárcel. Tras cuatro años de ese matrimonio, además de la muerte de su padre y después de intentar el divorcio, ella recoge sus pertenencias de valor, como joyas y abrigos de piel, y «huye» a los EEUU en 1937. En su viaje conoce a un gran empresario del cine americano, Louis B. Mayer, uno de los dueños de la Metro-Goldwyn-Mayer, y en los años siguientes se vuelve una estrella de la Metro. Así, Hedy Lamarr entra en Hollywood «por la puerta grande».

Con la Segunda Guerra Mundial, y el hecho del hundimiento de un barco cargado de niños británicos refugiados, la actriz tiene ganas de volverse particularmente activa para acabar con la guerra. Y al conocer a George Antheil, un brillante músico, que tiene una obra musical compleja. Su fama vino con la película Ballet Mécanique (1924), que fue considerada abstracta, pero que solo en 1926, que estrena con la composición de Antheil, en París, fue a la vez un éxito y un escándalo. Sin embargo, su estreno en Nueva York fue un fracaso, y con eso Antheil, se queda algunos años sin estrenar música.

Juntos, Hedy Lamarr y George Antheil, con las inquietudes de la actriz de tener una contribución más activa contra la guerra, sus conocimientos del momento que estuvo casada con Mandl y también con los conocimientos de Antheil, por haber trabajado un tiempo como inspector de armas y desenvuelto un dispositivo para sincronizar las pianolas del Ballet Mécanique, comienza todo.

La idea de Hedy era de dirigir los torpedos por una onda de frecuencia variable, que hasta ese momento eran dirigidos por cables. Lo que Hedy Lamarr quería era que esos torpedos fuesen más lejanos y precisos, sin depender de un cable, lo que no era posible con las ondas de radio. Tras meses de trabajo, llega a la conclusión de no utilizar solamente una frecuencia de radio, sino muchas que variaban de una forma aleatoria. Ese invento extraordinario fue ofrecido al ejército americano, pero que no fue utilizado, y se quedo archivado. Aún así patentaron el invento, lo que significa que es una idea nueva y no apenas una mejora de algo ya existente, y demuestra como la actriz poseía una mente brillante. Sólo después de muchos años, la revolución de las comunicaciones tuvo su salto basado en ese sistema de espectro ensanchado por salto de frecuencia, que es precursor del wifi, GPS y Bluetooth, por ejemplo. Durante muchos años Hedy Lamarr se preguntó porque nadie nunca les había dado las gracias por su descubrimiento, y solo en 1998 eso ocurrió. «La Eletronic Frontier Foundation concedió a Hedy Lamarr y George Antheil el Premio Pionero por su contribución fundamental al desarrollo de comunicaciones basadas en ordenadores.» Hoy en día , el 9 de noviembre se celebra el Día del Inventor en honor de Hedy Lamarr, que es el día de su nacimiento.

Sin duda las contribuciones de esas mentes fueron importantes para las comunicaciones que tenemos actualmente, y es imprescindible que sean también reconocidos por ese hecho, además de su brillante actuación en las artes escénicas y en la música.