Lola Cabrera Trigo: “No hay autores sobrevalorados sino pensadoras minusvaloradas”

Autoría: Lola Cabrera Trigo

Ministra nueva, curso nuevo… y viejas reivindicaciones. Repasamos: 1) la de que la inclusión de filósofas entre los contenidos oficiales de bachillerato sea una realidad. 2) La de que sus aportaciones dejen de ser “complemento” del pensamiento de ellos; y 3) que su estudio y conocimiento no dependa de la voluntad (o no) del docente.

Es cierto que hay disposición y señales legislativas para que eso cambie, pero la ley necesitará tiempo para que se haga efectiva. Lo que hay también son iniciativas decididas que empujan en esa dirección. Más que empujar, lo que hacen es servirla en bandeja. Lola Cabrera Trigo, profesora de Filosofía en el IES Leonardo da Vinci de Majadahonda, firma un manual alternativo de libre disposición (y presentado como proyecto abierto y colaborativo) con todo lo necesario para sacar con holgura cualquier examen de Filosofía de la EvAU y algo más: junto con este recurso, aporta en paralelo, en diálogo con los filósofos habituales, la nómina de autoras que tranquila y naturalmente podrían haber estado.

Allí aparecen con sus textos o referencias como razones de existencia y presencia (exactamente igual que los filósofos) Hypatia de Alejandría, Hildegard von Bingen, Margarita Porete, Isabel de Bohemia, Madame de Sablé, Madame de Lambert, Madame de Châtelet, Sor Juana Inés de la Cruz, Mary Wollstonecraft, Mary Astell. ¿Les parecen muchas? Pues no se vayan todavía que aún quedan las que seguramente les suenen más: Flora Tristán, Rosa Luxemburgo, Lou Andreas-Salomé, Simone de Beauvoir, María Zambrano, Hannah Arendt, Simone Weil…

La relación es larga, intencionadamente larga para un artículo, y eso que no están todas las que Cabrera pone a dialogar en su libro con los filósofos. Y es que filósofas, haberlas, haylas: solo hace falta conocerlas más y mejor y poder estudiarlas.

Lola Cabrera Trigo
La profesora Lola Cabrera Trigo, autora de un «manual alternativo» que recupera el papel de la mujer en la historia de la filosofía.

Como ya tenemos manual alternativo, completo, de filosofía, esta entrevista comienza preguntando a su autora por una lista alternativa, equilibrada y justa de autores y autoras de cara a la EvAU.

Para responder a esa pregunta es importante explicar cómo funciona este examen. Efectivamente, hay una lista de filósofos “oficiales” –cuyo número varía en las distintas comunidades– de los que se aporta un texto obligatorio. Ahora bien, las preguntas del examen son sobre “autor o corriente filosófica”, de manera que además de los filósofos oficiales cabe –y es lo pertinente– hablar de la época en su conjunto.

Así las cosas, considero que incluir a todas las filósofas que en mi proyecto aparecen “en diálogo con…” es oportuno. Ahora bien, si lo que me pide es una lista de pensadoras que podrían aparecer como “oficiales”, entonces matizo. Habría que no incluir a todas aquellas cuyos textos hemos perdido (las más antiguas), y considero que sería equilibrado incluir a Hildegard von Bingen antes que a Agustín de Hipona, a Mary Wollstonecraft por Rousseau, a María Zambrano en lugar de Ortega y Gasset y a Hannah Arendt frente a Habermas. De este modo, serían 4 frente a 8 –me refiero a los porcentajes de la Comunidad de Madrid– que, en mi opinión, es equitativo. En todo caso, ningún autor debería ser eliminado sino puesto en un segundo plano.

En relación con lo anterior: ¿qué autores clásicos le parecen sobrevalorados?

No creo que haya autores sobrevalorados sino pensadoras minusvaloradas. No se pasa a la historia por azar. Con todo, es cierto que algunos filósofos han tenido más éxito que otros por haberse sabido acomodar mejor con el espíritu biempensante de la época, relegando a “la cara B” de la historia a otros filósofos de la misma talla o superior. Se me viene a la cabeza el ejemplo de Leibniz frente a Descartes.

Los sofistas suelen tener mala prensa y usted propone una rehabilitación de los mismos. ¿Qué le parece lo más valioso de su aportación en general y, en concreto, en relación con el feminismo?

Efectivamente, los sofistas aparecen en los libros de texto como el pensamiento tramposo de aquellos que defienden su opinión aunque no sea la Verdad… Desde mi punto de vista, la sofística fue una manera de pensar mucho más acorde con la cultura griega y, por ello mismo, con la fórmula política de la democracia. Su planteamiento apuesta por una confrontación de opiniones racionales más propia del pensamiento plural, donde las verdades contingentes son el objetivo de la descripción ontológica de la realidad. El propio Aristóteles acepta este modelo para los saberes prácticos y a lo largo de toda la historia del pensamiento ha habido filósofos y filósofas que han seguido hasta cierto punto este planteamiento. De hecho, la postmodernidad recupera precisamente esta fórmula en su propuesta a favor de un discurso fragmentario y contrario a los esencialismos.

En este sentido, se podría decir que la sofística no es afín al feminismo clásico nacido en la Ilustración y, por tanto, muy arraigado en la tradición determinista de la filosofía. Sin embargo, sí se aproxima mucho más a los llamados “feminismos de la diferencia” que pretenden romper con las clasificaciones estereotipadas del sujeto político “mujer”…

En mi opinión, cualquier discurso/pensamiento que afirme la pluralidad no dogmática (no el relativismo) es más susceptible de incorporar marginalidades históricas como las del pensamiento de las mujeres.

Descartes, por ejemplo, con su tono aleccionador y paternalista a la hora de tratar con su interlocutora Isabel de Bohemia, quedaría excluido en la nómina de quienes se acercaron mínimamente a escuchar o compartir objetivos con las reivindicaciones de las mujeres. ¿De qué señores filósofos se podría decir que, de alguna manera, ayudaron o arrimaron el hombro en la escucha o consideración de las reivindicaciones de las mujeres? ¿Stuart Mill y…?

Ciertamente pocos. Sí, Stuart Mill es el caso más claro por su apuesta a favor del sufragio femenino en el siglo XIX. También Poullain de la Barre en el siglo XVII-XVIII reclama una posición de igualdad para las mujeres y pone en tela de juicio el modelo patriarcal. En España también se puede destacar a Benito Jerónimo Feijoo con su obra Defensa de las mujeres. Otro ejemplo sería Condorcet reivindicando el derecho al voto de la mujer en plena revolución francesa por coherencia con el derecho natural. Y poco más…

Realmente no se puede decir que los filósofos hayan favorecido la inclusión del pensamiento de sus contemporáneas. Ni siquiera en la actualidad ocurre de una manera clara. Aún hoy en día, cuando una filósofa aspira a una audiencia equivalente a la de sus compañeros, se encuentra con numerosas trabas y, desde luego, con pocas ayudas. La filosofía sigue siendo un mundo de hombres para hombres en el que las mujeres seguimos aportando más de lo que se reconoce. Hay casos como el de Marina Garcés –que yo incluyo en forma de apéndice en mi proyecto– que claramente es un pensamiento de primera línea y no tiene la acogida en los medios y las instituciones que otros colegas de profesión que llevan años sin aportar nada nuevo.

Portada de 'En diálogo con...'
Portada de ‘En diálogo con… El pensamiento en femenino plural’, de Lola Cabrera Trigo.

“Si todos los hombres nacen libres, ¿por qué todas las mujeres nacen esclavas?”, de Mary Astell en el siglo XVII, o “¿quién hizo al hombre el juez exclusivo?”, de Wollstonecraft en el XVIII… Podrían ser eslóganes de manifestaciones actuales y, sin embargo, la reivindicación feminista parece siempre nueva o reciente. ¿Puede ser este mecanismo, esta impresión de “eterna novedad”, un argumento deslegitimador de sus pretensiones?

Sí, parece mentira que tras siglos de lucha por un trato en igualdad aún hoy a algunos colectivos les pille por sorpresa. Con todo, yo creo que puede transformarse en un argumento que nos fortalezca. Primero, por lo que tiene de legado reivindicativo. Por novedoso que pueda resultar a ciertos sectores sociales no vamos a renunciar a seguir planteándolo como una reivindicación que viene de lejos y cuyas protagonistas tienen nombre, apellidos y una gran trayectoria intelectual. Y luego por mantener vivos algunos eslóganes que en ciertos países están algo superados pero que deben ser legítimos en todas las naciones, donde la situación de las mujeres no ha avanzado en absoluto.

De algún modo, el eslogan es siempre el mismo: “el logos también nos pertenece, nunca nos van a callar.”

Igualdad de clase, de género, de razas… Las pretensiones de Olympe de Gouges, ¿no apuntan ya la idea de interseccionalidad?

Efectivamente, la idea de la interseccionalidad late en el fondo del pensamiento de muchas filósofas que percibieron que la lucha por reivindicar su papel en el mundo intelectual era la lucha de una parte oprimida (no minoritaria) de la sociedad y que esa característica la compartían con otras secciones, casi siempre entrecruzadas.

En Olympe de Gouges se aprecia con claridad por su reivindicación conjunta del derecho de las mujeres a una ciudadanía digna y la lucha abolicionista. ¡No digamos nada cuando la persona negra es además mujer y, por descontado, pobre!

Desde luego, se puede considerar un antecedente de Kimberlé Crenshaw, quien (dentro del feminismo de la tercera ola) plantea frente a los movimientos feministas que hablan de una “mujer” en singular, de forma indiferenciada, sin tener en cuenta las experiencias de quienes quedan fuera de las categorías cis, heterosexuales, de clase media, blancas o urbanas, la necesidad de concretar los motivos de discriminación y, por tanto, de lucha.

Igualmente, es un precedente del Manifiesto feminista negro, inspirado en la figura de Harriet Tubman e inspirador de la literatura de Audre Lorde. Y por qué no del provocador y antiesencialista Manifiesto cyborg de Donna Haraway, o de las propuestas anticolonialistas de pensadoras como Spivak.

Siguiendo con las relaciones entre el pasado y el presente, aquí Flora Tristán explicando el feminismo para los frentistas desde hace siglo y medio: “En nombre de vuestro propio interés, hombres; en nombre de vuestra propia mejora, ¡la vuestra!, hombres; en nombre del bienestar universal os comprometo a reclamar los derechos para la mujer”. ¿Le parece adecuada, mejorable, perfecta esta explicación del feminismo?

Esto me toca la fibra sensible. Para mí Flora Tristán es una de las pensadoras y activistas más importantes de la historia. No solo porque su biografía es un perfecto reflejo de todos los males que le podían aquejar en el siglo XIX a una mujer “europea”, entre comillas, por su procedencia peruana. También por la fortaleza, lucidez e inteligencia con la que los abordó. Es, sin lugar a dudas, uno de los pensamientos más coherentes de la historia de la filosofía política.

Flora Tristán representa un eslabón imprescindible entre los ideales de la revolución francesa y el socialismo. Aunque suele aparecer asociada al feminismo socialista, yo prefiero presentarla como la socialista con el pensamiento más avanzado del siglo XIX. Me explico: si bien es cierto que la envergadura teórica de la obra de Marx no es cuestionable, Flora Tristán, con muchos más obstáculos circunstanciales, fue capaz de intuir y argumentar la necesidad de incluir a las proletarias dentro de las reivindicaciones de la clase obrera, por su doble condición servil de proletaria del proletario y por su capacidad de fortalecer desde la familia a la lucha de la clase obrera. Por lo demás, anticipó tesis materialistas, propuestas prácticas, estudios sobre el proletariado inglés e incluso algún lema ahora clásico del marxismo.

En el tercer capítulo de la Unión obrera, Flora Tristán establece una relación entre el feminismo y el socialismo, que será precursora del feminismo marxista posterior: las mujeres aparecen como “las proletarias del proletario”. Flora se da cuenta de que los obreros no conseguirán emanciparse si no incorpora a las mujeres en su lucha, y estas tampoco lograrán su emancipación si no intervienen en la lucha obrera. Esa unión obrera debía asentarse sobre la base de una cotización, que sirviera para financiar la educación gratuita de las mujeres –ella misma no la tuvo y nunca llegó a escribir con una ortografía correcta– e hijos de los obreros como punto de partida para fundar una sociedad sin clases.

En el siglo XX las mujeres demuestran que la historia del pensamiento pasa por ellas sí o sí. Nombres como Simone Weil, Hannah Arendt, Edith Stein o Simone de Beauvoir lo demuestran, hayan hecho de la condición de mujer objeto o no de sus análisis. ¿Diría que el hecho de que la historia de la filosofía incluya más o menos naturalmente a las mujeres en el siglo XX es el gran logro de la misma?

Desde luego, la presencia indiscutible de filósofas en las universidades, librerías, congresos y, en general, en eso que se llama “la Academia” durante los últimos años es el logro de tantos siglos de reivindicar una obviedad: las mujeres somos sujetos pensantes exactamente igual que los hombres. Y por mucho que en los libros de texto sigan ocupando un lugar secundario, es evidente la calidad de nuestro trabajo.

Aunque yo soy optimista y estoy convencida de que mi iniciativa (y muchas otras similares que están surgiendo desde hace años) no es más que el desarrollo natural de tantos siglos de lucha, entiendo que aún queda mucho por hacer. En países como España todavía tenemos muchos espacios que conquistar y muchos prejuicios que eliminar. Y en países donde el colonialismo, el capitalismo y la globalización han entorpecido el desarrollo normalizado de un pensamiento de las mujeres, todavía hay muchísimo trabajo silenciado por recuperar.

¿Y cuál podría ser el gran logro del siglo XXI?

Para el siglo XXI… seguir trabajando. Tengo que responder a esa pregunta rindiendo tributo a un enorme grupo de profesoras que estamos dedicando parte de nuestros ratos libres a colaborar con un proyecto europeo: Women’s Legacy *, coordinado por la profesora de la Universidad de Valencia Ana López Navajas. En la vieja Europa conseguir un desarrollo curricular inclusivo me parece un logro que empezamos a tener a la mano.

En cualquier caso, mientras una sola mujer tenga constreñida la posibilidad de desarrollar su pensamiento y su voz esté silenciada, el reto seguirá siendo el mismo: ofrecerle una plataforma donde expresar su discurso.


* El proyecto Women’s Legacy se describe de la siguiente manera: “Nace como respuesta europea a esa necesidad común [la inclusión de mujeres en los contenidos educativos] y el objetivo es ofrecer instrumentos de intervención didáctica que sirvan para corregir la visión androcéntrica de la cultura trasmitida en la educación y recuperar el olvidado patrimonio cultural europeo de autoría femenina, introduciendo una perspectiva cultural más completa en los contenidos educativos«.

Publicado en lamarea.com el 14 de julio 2021