coronavirus relato

¡Hasta la corona del virus! – Relato I

Autoría: Mª Elena Simón Rodriguez

Recuerdo a mi padre que nos decía -siempre que nos poníamos pesadas y nos quejábamos de aburrimiento-, “No se aburra” y lo pronunciaba como “no sea burra”. No sé si yo le hacía mucho caso, pero me impactaba y tampoco sé si se lo había inventado él, pero me llamaba la atención que eso no tuviera traslado al masculino. Como nos lo decía a mi hermana y a mí, pues todo estaba claro.

Desde  pequeña me gustó mucho jugar con la lengua, con las palabras, los lenguajes, los idiomas. Me gustó mucho la gramática, el latín, el griego y las lenguas románicas. Y con las palabras –que son pensamientos con altavoz o transcripción- nunca te aburres porque llevas su luz y su olor dentro de ti, día y noche y adonde quiera que vayas.

Así es que hoy me he levantado con ganas de buscar palabras y con ellas hacerme una corona.

Me voy para un lugar llamado DRAE y le hago preguntas y, me contesta tanta cosa que me apetece hacer un ramillete y compartirlo.

Una corona es un adorno, una insignia honorífica, un símbolo de dignidad  o realeza y todo eso nos hace mucha falta a la gente corriente, mucho más que a los monarcas coronados, Jefes de Estado linajudos y no electos, esos que llevan la corona sin llevarla y que la esconden tanto porque es producto de guerras, pillajes, pillerías e injusticias. La corona también es reino y monarquía, patrimonio o facultad del rey.

Una corona también es moneda  de varios países y lo fue en otros tiempos de oro o plata, pero también, en el cielo, es meteoro luminoso y en nuestras bocas parte visible de dientes y muelas.

Pero si nos vamos al campo y al monte también la corona es cima de colina o montaña,  que podemos coronar, poniéndonos en la parte superior o más alta.

También tenemos coronas mecánicas y técnicas, que forman parte de artefactos, obras o lugares, como superficie plana de una cornisa, cabo de cuerda en un barco, obra avanzada de construcción militar, engranaje tallado en una pieza metálica.

Y, en un orden festivo o conmemorativo, colección de poemas para festejar un acontecimiento, honor, esplendor y oración del rosario a la virgen.

Encontramos por el campo también corona de rey o hierba medicinal y corona imperial o planta de adorno.

Y, como símbolos de prestigio y alcurnia, coronas de amplia y alta gama: castrense, civil, de barón, conde, duque, infante, de hierro.

Existen asimismo coronas para festejar y distinguir a quienes ganan o pierden: de laurel o triunfo, de espinas o humillación y burla, fúnebres , de flores y despedida de este mundo, olímpica, oval, que acompaña la ovación, triunfal. El astro que nos calienta también posee una corona solar, que, precisamente, es la que le ha dado nombre a nuestro familiar bichito.

Pero este término es tan prolífico que ha dejado mucha descendencia derivada e inserta en múltiples expresiones, como el efecto corona o la joya de la corona.

Pero coronar tiene asimismo vida independiente aunque derivada: en los juegos de damas y ajedrez, coronar es un tipo de jugada, en el parto, asomar la cabeza el feto, y en la vida de relación, se considera equivalente a “poner cuernos”. También puede significar: poner una cosa en la parte superior o más alta, perfeccionar o completar una obra y finalmente, recompensar.

Y, eso es lo que necesito: que alguien me recompense o que algo me compense y por eso, voy a compensarme y a considerar suficiente para considerar bien empleado un esfuerzo y resarcirme por mi mano del daño o perjuicio que otro me ha hecho.

Así es que, como tenemos coronas por todas partes y en todos tiempos, no sé por qué tanto susto, alarma y preocupación por esta nueva corona, que además, es invisible. ¿Habéis visto cómo se parece a algo relacionado con habitantes de otros planetas?, con esas trompetillas adornando su esfera coronada? Y, además, su reino es el micromicromicro y  no todo el mundo tiene a mano microscopios de precisión. Pero se ha venido a este nuestro macromundo o globalplaneta y se ve que le gusta. Dentro de poco saldrá diciendo que tiene derecho a infectarnos y que respetemos su intimidad y su libertad de elección!!!

Creo que ahora está claro que desde tiempo muy atrás me ha entretenido mucho jugar con palabras y que lo tengo en mi mano. Pero, de veras, desearía que todas estas coronas coronaran mi epopeya.

ÉRASE UNA VEZ, en un mundo maltratado y cabreado, muchos millones de personas que se creían felices y otros muchos millones más que no sabían que quería decir eso. Con sobrevivir cada día tenían bastante, porque las habían trasegado de un lugar a otro sin quererlas en ninguna parte, porque les saqueaban sus tierras y lo que necesitaban para vivir, porque no tenían más que aguas contaminadas y lugares inhóspitos donde pasar los días. A éstas les llamamos refugiadas o emigrantes y las repartíamos en campos de carpas o centros de internamiento temporal, hiciera frío o calor, hubiera o no hubiera sitio, hubiera o no hubiera suministros ni servicios ni nada.

Pero, al mismo tiempo, para algunos millones de personas era imprescindible disponer de artículos sofisticados de moda, diseño o alimentación, cambiar continuamente de escenarios, de sabores y de olores y, tanto tanto lo deseaban y tanto tanto conseguían, que eran una fuente de ganancia inmensa para otros –muchos menos-  que pasaban el día frotándose las manos de gusto, viendo que cada vez más gente deseaba y deseaba más cosas y por ello estaba dispuesta a no parar de trabajar en empleos de poco sueldo y demasiada dedicación.

Así se pasaban los años y, de repente, también deseaban tener descendencia, reproducirse, porque no habían tenido tiempo para ello. Y aquellos pocos que se frotaban las manos se las frotaron mucho más al descubrir –gracias a sus exclusive talents bien pagados y alimentados-, que se podía también hacer negocios billonarios con los deseos de reproducirse, sobre todo si se les llamaba “derechos”, ya que muchos vivían en esas aglomeraciones de personas regidas por unos sistemas llamados democráticos, que habían normalizado los derechos y todo el mundo aspiraba a ellos y hasta los exigía, cuando coincidían con sus deseos.

Así es que manos a la obra: tráfico de óvulos, de espermatozoides, de úteros y, todo ello bien opaco, para que nadie pudiera exigir transparencia y sólo vieran caritas de bebés sonrosados junto a sus ”mamás” sonrientes y felices por haber conseguido su deseo, como si fuera un derecho.

Esto sólo es una muestra del trasiego de personas, mercancías, inventos, ideas, modas, modos y costumbres. El mundo se había hecho global!!!, menudo chollo!!!.

 Y, mientras tanto, la tierra y las aguas rugían, las plantas se desconcertaban y los animales se adaptaban al nuevo mundo: gaviotas en vertederos de tierra adentro, aves emigrantes en cualquier momento del año, otras, sedentarias y con pereza de viajar. Jabalíes y ciervos  urbanos, despistados por encima del asfalto.

Y muchos seres humanos hablando de progreso, ganancias y felicidad, aunque no tuvieran nada de eso. Con bastantes años de escolarización, rodeados de aparatos electrónicos y entretenidos con consolas y series, con comida a domicilio y fiestas desmadradas de fin de semana, eran población fácil para conseguir que compraran cualquier cosa: hasta un bichito denominado “coronavirus”, más espantoso que cualquier monstruo de ficción que ningún autor de relatos de terror pudiera haber imaginado, porque ¡NO se le veía! Y ¡Estaba en todas partes! ¡Y podía causar muchas muchas molestias y hasta matarte no sabías ni cómo!!

En este punto consiguieron que la gente se quedara quieta, encerrada, parada, inerte y se desarrollara su facultad –largo tiempo olvidada y no practicada-  para obedecer órdenes sin saber ni por qué, ni para qué. Como cuando a los chicos jóvenes de una nación se les obligaba a realizar servicios  militares a la patria, sin rechistar, o al calabozo o al juicio sumarísimo.

¡Y yo que pensaba que todo aquello de obedecer ciegamente a la autoridad era un atraso del que nos habíamos librado, porque a mí me gustaba eso del librepensamiento y  que el libre discurrir de las vidas era un avance y una ganancia para la humanidad!!

Pues, miren uds. NO. Lo que se lleva es hacer lo que se lleva, convenga o no, guste o no, perjudique o no. Y por eso, hemos sometido nuestras voluntades sin rechistar: ensayando con modas: ropa, alimentación, salud, belleza, amor, psicología positiva, felicidad consumista, turismo de masas, etc. Y ahora…

RESPETO A LA CORONA!!!!

MIEDO AL VIRUS!!!!

Oiga, DRAE,  Y ¿qué es un virus? Porque yo “corona” ya sé lo que es.

Pues un organismo de estructura muy sencilla, que se reproduce sólo en  el seno de células vivas específicas, utilizando (parasitando) su metabolismo.

Y un programa introducido subrepticiamente en la memoria de una computadora que, al activarse, afecta a su funcionamiento destruyendo, total o parcialmente, la información almacenada.

Y ¿eso es lo que nos pasa?

Con lo bien que yo estaba con mis células vivas específicas, mi metabolismo y mi computadora con un anti-virus!!!

Y, de paso, también añoro mis paseos, excursiones, delicias, reuniones, eventos, baños, cuchipandas.

Así es que ¿me tengo que olvidar de todo eso? ¿Por nuestro bien y también el de la corona?

¡Ya decía yo que este chico tan bien educado y guapetón no traería nada bueno! Porque yo le veía la corona aunque no se la pusiera y eso trae malos augurios.

Entre el organismo que se introduce subrepticiamente en nuestras células sin que lo veamos ni lo podamos descubrir, tonto y simple que no sabe ni reproducirse por sí mismo, y los tesoros de la corona solar, real, imperial, visible o invisible que ha heredado el otro, al que si alguien le llama ciudadano se ofende,

¡¡¡ESTAMOS APAÑA@S!!!

Y, PARA MANTENER LA MEMORIA EN FORMA,

NO NOS OLVIDEMOS DE REPETIR CONSTANTEMENTE:

¿“ÉRAMOS CIUDADAN@S, LIBRES E IGUALES”?

¿VOLVEREMOS A SERLO?

¿O LO SEREMOS POR FIN?

 AHÍ OS DEJO: CON LA CORONA Y CON EL VIRUS. Y YO…. ME VOY A REÍRME UN POCO DE TODO.