Yasmina Romero Morales: ¨El canon hegemónico ve insignificante la aportación literaria femenina»

Autoría: Edgar Borges

Entrevista con la escritora Yasmina Romero Morales, que acaba de publicar ‘Moras’, donde analiza la visión que se da en la literatura de las mujeres marroquíes

Yasmina Romero Morales es doctora en Estudios Filológicos (Universidad de La Laguna, 2016, Cum Laude y Premio Extraordinario de Doctorado), diplomada en Estudios Avanzados en Estudios Árabes e Islámicos (ULL, 2008) y posee dos másteres: en Estudios Feministas, Violencia de género y Políticas de Igualdad (Universidad de La Laguna, 2009); y en Literatura Comparada y Crítica Cultural (UV, 2018). Es personal investigador de distintos proyectos nacionales y autonómicos; investigadora del Centro de Estudos Africanos da Universidad do Porto, en Portugal; investigadora del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la ULL y coordinadora de la secretaría de Clepsydra: Revista de Estudios de Género y Teoría Feminista. En la actualidad, tiene un contrato de investigación en la ULL. Hoy presentamos un encuentro que sostuvimos con ella a propósito de su libro Moras. Imaginarios de género y alteridad en la narrativa española femenina del siglo XX (Plaza y Valdés Editores, 2021).

«Marruecos fue colonia española y de allí España se fue en 1956 sin querer mirar atrás» 

Edgar Borges: – ¿Por qué sigue siendo desconocida la narrativa española de tema marroquí?
Yasmina Romero Morales: – Marruecos fue colonia española y de allí España se fue en 1956 sin querer mirar atrás. Muchas veces se dice metafóricamente que se fue dando un portazo. Probablemente porque ya no podía seguir sacando de su vecino del sur el mismo beneficio económico, estratégico y político del que se había venido aprovechando. Es cierto que, al menos desde un punto de vista aparente, España ha querido mantener vínculos culturales con Marruecos, por ejemplo, con las muchas sedes de los Institutos Cervantes que tiene —solo Brasil supera en número este particular— pero la verdad es que el interés cultural que siente España por Marruecos no difiere del que siente por otro país cualquiera como Argelia o Túnez con el que no ha tenido una vinculación histórica tan estrecha como es el caso de España y Marruecos. Te pondré un ejemplo revelador, el primer autor marroquí, traducido del árabe y publicado en español por una editorial comercial en España fue Mohamed Chukri con El pan desnudo en 1982. Sí, ¡¡veintiséis años después de la independencia!! Y, además, ni siquiera se tradujo directamente del árabe sino del francés donde era ya un éxito rotundo.  

E.B: – Su estudio, hoy convertido en libro, se centra en veintidós escritoras de ficción que se sirvieron de Marruecos para ambientar sus novelas y relatos durante el pasado siglo XX. Hábleme del proceso, su interés e implicación en el tema.
Y.R.M: – La verdad es que siempre me he sentido interesada, personal y profesionalmente, por rescatar del olvido a mujeres escritoras, visibilizarlas y apostar por un canon más inclusivo. A esto se sumó la pasión que siento por la cultura árabe-islámica, en general, y por la marroquí, en particular. De ahí que me propusiera rescatar a escritoras españolas de ficción que hubieran escogido Marruecos como telón de fondo para sus tramas, exactamente novelas y relatos. Quería ver hasta qué punto podía hallar algún tipo de complicidades de género.

«No debe sorprender al lector de Moras que estas mujeres imaginadas no correspondan con las mujeres marroquíes reales» 

E.B: – Escritoras españolas imaginan a la mujer marroquí. ¿Qué aporte distinto a la realidad condicionada dio la imaginación?
Y.R.M: – Absolutamente todo es distinto. El objetivo de mi trabajo fue analizar las representaciones literarias de las moras (así se llama a las mujeres marroquíes en estas ficciones). Quería conocer cómo estas escritoras españolas se las imaginaban o, incluso, cómo no se las imaginaban: las omisiones y las disimulaciones. Por ello no debe sorprender al lector de Moras que estas mujeres imaginadas no correspondan con las mujeres marroquíes reales, porque en ningún caso este libro ha sido un subterfugio para llevar a cabo observaciones de tipo sociológico sobre las condiciones factuales de las mujeres que habitan al otro lado del Estrecho. Sin embargo, sí nos aproximará a otra realidad, aquella que nos habla de las escritoras que las narran, en tanto en cuanto nos aporta valiosa información de contenido ideológico sobre cómo las percibían, las imaginaban y las pensaban. Es de esta manera como hago trampas y Moras no habla, en realidad, de mujeres marroquíes, sino de escritoras españolas.

E.B: -Según su experiencia como investigadora, ¿se pudiera hacer un estudio sobre el hombre español imaginando a la mujer marroquí? Especulando un poco, ¿hacia dónde se orientarían los resultados?
Y.R.M: – La realidad es que en casi la totalidad de los casos los discursos orientalistas manejados por mujeres no han sido diferentes a los de los hombres en cuanto a enfoques o a aproximaciones. Las mujeres se encuentran —me encanta la manera de expresarlo de la recientemente fallecida Iris M. Zavala— “atrapadas en la cárcel de hierro de las verdades y los valores masculinos”, así que escritoras y escritores españoles imaginando a mujeres marroquíes en sus tramas devuelven un caudal de tópicos y estereotipos semejantes. Todo ello se debe a la multiplicidad de adscripciones identitarias que han inclinado la balanza a que las escritoras españolas se sientan preferiblemente más identificadas con la etnia-raza y el europeísmo de sus compatriotas varones que con el género de las mujeres marroquíes que imaginaban. No es extraño, es el punto de vista que algunos autores como Kunz han denominado hispanocentrismo.

«La situación de las mujeres ha servido para defender interesados discursos que legitiman por ‘razones humanitarias’ la colonización o la invasión» 

E.B: – Los estereotipos en torno a la mujer no occidental, ¿son parte de una cultura heredada o se mantienen por intereses relativos al poder?
Y.R.M: – Son parte de una cultura heredada y se mantienen por intereses relativos al poder. Ambas respuestas son correctas. En el caso del mundo árabe-islámico, todo responde a un discurso reduccionista y uniforme, caracterizado por polarizaciones entre lo bueno y los buenos, y lo malo y los malos, con generalizaciones excesivas y sin atender, a ningún tipo de avance cultural, político o social de esos países llamados “no occidentales”. Se busca respaldar un enfoque del mundo —que en definitiva es el que va a justificar la relación de dominio— para subrayar la supuestamente acertada visión occidental. Así, “Occidente” (sea lo que sea occidente) se proclama como portavoz del discurso hegemónico y se autoinstituye como único referente válido y conveniente. Un discurso de estigmatización que viene utilizándose desde la época del Imperio Romano para justificar la dominación y explotación de nuevas tierras (en este sentido se trata de una definición geopolítica principalmente). Las guerras coloniales fueron también un momento propicio para que se rescataran todas estas viejas imágenes de fanatismo, crueldad y traición. Se retrata sociedades deshumanizadas, incapaces de autogobernarse, inferiores, lujuriosas, atrasadas, no civilizadas, bárbaras y que tratan mal a sus mujeres. Una mujer que, además, también es homogénea y monolítica, deshumanizada bajo una etiqueta identificativa genérica y definitiva. Es el tema de “la mujer sometida” por los brutos nativos, una constante en el imaginario occidental hegemónico por el que muchas veces se justifican acciones bélicas. Dicho en otras palabras, la situación de las mujeres ha servido para defender interesados discursos que legitiman por “razones humanitarias” la colonización o la invasión y así no se pone sobre la mesa la verdadera razón que los motiva, esto es, la apropiación de recursos y naturales posesiones de determinados países.

«Ya lo avisó hace bastantes años Nuria Varela: ‘Los maridos españoles matan más que ETA’» 

E.B: – ¿El machismo es un modelo propio del sistema o es un problema aparte?
Y.R.M: – El machismo es un modelo propio del sistema, pero de este sistema, de aquel sistema y de cualquier sistema. Estamos en un momento ilusorio en el que pensamos que hemos alcanzado la igualdad y en un país como España la hemos alcanzado, es cierto, pero, únicamente, de una manera formal. Ya advertía Sophie Bessis que ni siquiera en el mundo occidental las mujeres disfrutan de una verdadera condición de igualdad y eso lo olvidamos fácilmente o pensamos que nos referimos a cuestiones tales como la brecha salarial o la ausencia de corresponsabilidad en los cuidados, pero hablamos también de mujeres asesinadas por violencia de género. En España, desde 2003 (que es cuando hay estadísticas oficiales), ha habido más de mil mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Dicho de otra manera, más mujeres asesinadas por sus maridos que por el terrorismo. Ya lo avisó hace bastantes años Nuria Varela: “Los maridos españoles matan más que ETA”.  

«Lo económico no es un factor tan determinante ahora como lo fue en la época de Woolf» 

E.B: – Decía Virginia Woolf en Una habitación propia que, para escribir ficción, “la mujer necesita es independencia económica y un cuarto propio”. ¿Sigue presente esta necesidad, es un logro aún por conquistar?
Y.R.M: – Virginia Woolf decía que las mujeres necesitaban independencia económica, un cuarto propio y tiempo. En cuanto a lo económico, podríamos detenernos largo rato, la brecha salarial es una realidad, pero, en líneas generales, y en España, el acceso de la mujer a la esfera laboral es un hecho. La tasa de ocupación masculina y femenina está casi a la par. Así que no, lo económico no es un factor tan determinante ahora como lo fue en la época de Woolf. También parece que las mujeres escritoras han logrado salvar el obstáculo del espacio y del tiempo, pero en la actualidad hay otros escollos que impide un protagonismo literario en igualdad de condiciones. El principal, tal y como ha advertido Laura Freixas, es el prestigio. Un prestigio que se refleja, por ejemplo, en los premios literarios y que potencia la llegada y permanencia en un canon dado. Sin lugar a duda, la elaboración del canon hegemónico (el actual, por tanto) sigue teniendo un sesgo androcéntrico importante que considera prácticamente insignificante la aportación literaria femenina. Y digo insignificante en el mejor de los casos, porque en ocasiones ni siquiera se llega a calificar de literatura a la producción realizada por mujeres. El canon está en manos de los hombres. ¿No es la RAE también canon? ¿El Premio Planeta? Ese debe ser el escenario de lucha, la desarticulación del andamiaje dedicado a otorgar el prestigio a los y las escritoras al tiempo que afianzan y canonizan sus preferencias estéticas. ¿Y quién sostiene este andamiaje? Está claro, los críticos literarios, los profesores universitarios, los antólogos, los autores de los suplementos y de las revistas especializadas, y estos son, hay que rendirse a la evidencia, en su inmensa mayoría hombres.

Publicado en elPulral.com el 19 de julio 2021