Navegar las turbulencias de lo contemporáneo

Autoría: Clásicas y Modernas
El Cuarteto Quiroga, en su concierto en Madrid

El Cuarteto Quiroga es uno de los grandes españoles, y dentro de esa selecta nómina, es quizá el más valiente y divertido. El programa que ha ofrecido el pasado lunes (16 de diciembre) en el auditorio 400 del Museo Reina Sofía roza lo antológico: un viaje por esa interminable y espesa idea de la “música contemporánea”, con dos estaciones básicas, dos obras faro de la Escuela de Viena, y otras dos españolas, una de ellas el estreno absoluto del Cuarteto de cuerda nº 5 En tiempos turbulentos, de la madrileña Marisa Manchado. Una declaración de intenciones para un cuarteto de cuerda que no tiene ya nada que demostrar.

Pero si faltaba algún elemento para convertir este concierto en una cita difícil de olvidar, ese elemento se llama Auditorio 400, una sala que es casi un quinto instrumento y que convierte la presencia de un buen cuarteto de cuerda en algo mágico. No olvidemos que esta sala se abrió, hace tres lustros, con un cuarteto de cuerda precisamente, los Arditti. Así pues, la sala fetiche de las Series 20/21 del CNDM volvió a mostrar sus poderes.

Los ocho tientos de Rodolfo Halffter cobraron una presencia especial. Aquí lo neoclásico, lo popular y el referente histórico brillaban junto al aparato politonal o disonante con el que Rodolfo, el más español de los exiliados “mexicanos”, o el más mexicano de la diáspora republicana, aportaba modernidad a una obra compuesta a los 73 años y que muestra la libertad alcanzada por el más oscurecido de los Halffter.

La siguiente obra del concierto era el estreno, encargo del CNDM, de Marisa Manchado (1956). Obra ambiciosa y muy bien planteada, la pieza de Manchado tiene un punto de excelencia que nos hace lamentar que una figura como la suya aún no alcance el reconocimiento que merece. La música de Manchado es una de las más personales e intensas de nuestro panorama patrio. Posee una individualidad que la hace diferente de cualquier otra y, en mi opinión, una de las claves remite a una cierta biografía; pero no una biografía narrativa, sino la voz de un cuerpo que gime y respira, que calla y reposa o que grita y aúlla. Su Cuarteto En tiempos turbulentos, se articula en dos dípticos, agitación-reposo que en manos de otro cuarteto habrían corrido mayores riesgos, pero que el Quiroga convierte en documento sonoro formidable. Sus murmullos, su respiración agitada, su entrega ante el improbable silencio suenan como el testimonio del cuerpo, una llamada casi telúrica que contrasta a la vez que se hermana con las prodigiosas Seis bagatelas, de Webern, que vinieron después.

Las Bagatelas son obra fetiche del Cuarteto Quiroga. Se las he escuchado en espacios diferentes, pero en el Auditorio 400 suenan ceremoniales. Cualquier pianísimo que busca o emerge del silencio tiene en esta sala un perfil sonoro sacramental.

Y quedaba el final, otra de las referencias del Quiroga, el Cuarteto de cuerda op. 3 de Berg. Decía el filósofo y alumno de Berg, T. W. Adorno que: “Si se quisiera rehabilitar alguna de sus obras es sin duda el Cuarteto el que sigue teniendo el mayor derecho a ser extraído de las sombras en las que le introdujo el éxito de la Suite Lírica.” Y a ello se aplica el Cuarteto Quiroga extrayendo hasta la última gota de romanticismo oculta en una sombrosa red de relaciones estructurales escrita a los 25 años.

En suma, un regalo de concierto que los del Quiroga explicitaron ofreciendo como propina el primer Coral del Oratorio de Navidad de Bach.

Artículo en El País
por Jorge Fernández Guerra
17 de diciembre 2019