Día de las escritoras XI edición. La amistad en el Lyceum club femenino

Hay mujeres que son referentes y que hay que conocer para poder hablar de nosotras. A esta tipología pertenecen aquellas que hace cien años crearon el Lyceum Club Femenino de Madrid a imagen de los Lyceum Club europeos y americanos. Y es a ellas a las que la XI edición del Día de las Escritoras ha querido reivindicar conmemorando su centenario. En su proceso de gestación hay que mencionar a Carmen Baroja y a su cuñada, Carmen Monné, que en 1925 viajaron a Londres, se hospedaron en el Lyceum Club de esa ciudad y allí imaginaron la posibilidad de replicar una asociación similar en España. Un año después, el 4 de noviembre de 1926, María de Maeztu impulsó y fundó el Lyceum Club Femenino en los locales de la Casa de las Siete Chimeneas, en la calle de las Infantas. Ella fue su presidenta y Victoria Kent y Elisabeth Oyarzabal sus vicepresidentas, Zenobia Camprubí la secretaria, Amalia Galárraga la tesorera y María Martos la bibliotecaria. Inicialmente eran un centenar de socias, pero llegaron a ser más de quinientas tal como han corroborado investigaciones recientes.
Lo reseñable es que aquel grupo destacado de mujeres pusieron en marcha un espacio de libertad, propio y colectivo, donde reunirse para debatir y pensar juntas sin necesitar validación ni tutela masculina. En esencia el Lyceum fue una institución pionera del asociacionismo femenino en España en el siglo XX. A sus socias se les conoce como “las modernas” porque contribuyeron a la democratización del país y a difundir la cultura paritaria de igualdad. Dirigieron sus energías en dar relevancia a la educación de las mujeres que no podía reducirse a las tareas consideradas tradicionalmente femeninas y que Carmen de Burgos, con cierta ironía, resumió en aprender «costura, bordado crochet y calceta». Por el contrario, la mujer moderna debía conocer idiomas, viajar y prepararse para ejercer profesionalmente la abogacía, la política, la ciencia, las artes o el deporte. Fue determinante la Real Orden del 8 de marzo de 1910 que autorizó el acceso de las mujeres a la enseñanza universitaria sin necesitar permiso del gobierno. Y fue en ese contexto formativo cuando en 1915 María de Maeztu, pedagoga y abogada, crearía la Residencia de Señoritas para alojar a las jóvenes modestas que venían a estudiar a Madrid y prepararse para recibir sus títulos universitarios.
Aquellas mujeres que contribuyeron al fomento de la modernidad y de la democratización del país vieron sus esperanzas truncadas por el golpe militar del 36 y la guerra civil española que las condenó al ostracismo y al exilio. Se definieron laicas y no adscritas a ninguna afiliación política. Supieron defender dialécticamente posiciones opuestas, como Clara Campoamor y Victoria Kent, en aquella histórica sesión del 1 de octubre de 1931 en la que se aprobó el sufragio femenino. Fueron pacifistas, contrarias al belicismo y militarismo de su época e impulsaron la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad (LFEP) presidida por Elisabeth Oyarzabal. Juntas conformaron una red organizativa hecha de amistades y de intercambio de experiencias y sentimientos con el objetivo de defender sus derechos e intereses. De hecho, el Lyceum Club femenino no puede entenderse sin esos lazos afectivos que les llevaron a compartir vivencias, a respetar diferencias y a crear un espacio de reciprocidad mutua.
La amistad entre las mujeres fue el eje de la confianza que depositaron en ellas mismas para ayudarse mutuamente y sortear los obstáculos e insultos a los que se enfrentaron por transgredir los estereotipos de género. Supieron confiar en sí mismas y en las demás a fin de conseguir mejoras colectivas. Ellas demostraron lo necesario que son los grupos exclusivos de mujeres para poder avanzar en el feminismo y desarrollar líneas de acción conjuntas sin tener que verse cuestionadas e ignoradas por los varones. Parte de su legado reside en esa forma de crear alianzas entre mujeres relacionándose con complicidad y empatía que hoy se conoce con el término sororidad. Destacaron sus fundadoras como las citadas antes y a las que cabe añadir los nombres de Margarita Nelken, Helens Philipps, Concha Méndez, María Teresa León, Elena Fortún, María Goyri, Magda Donato y María Lejárraga, sin desmerecer a otras muchas más, aunque menos conocidas.
A aquellas mujeres modernas, vanguardistas e independientes, llamadas “mujeres faro” por Mercedes Gómez Blesa y tildadas de “Generación del 26” por Laura Freixas, hay que reivindicarlas en un momento en el que los derechos de las mujeres han empezado a estar en entredicho. Han pasado cien años y, aun así, siguen más actuales que nunca y son fuente de inspiración y guía. Esta tarde en la conmemoración del centenario de la Fundación del Lyceum Club avivamos su memoria para contar con ellas y recordar que no cabe ya ninguna universalidad sesgada que falsee la historia de la cultura. ¡Feliz Día de las Escritoras ¡
Biblioteca Nacional de España, 19 de octubre, Madrid
