CRÓNICAS A CONTRAPELO, DE CRISTINA GUIRAO

Autoría: Marifé Santiago-Bolaños
Autoría: Marifé Santiago-Bolaños

AUTORA: Cristina Guirao
TÍTULO: Crónicas a contrapelo
DATOS DE LA EDICIÓN: NewCastle Ediciones, Murcia, 2022

“Hay una manera transversal de viajar que consiste en no ir a los lugares comunes a encontrar lo que dicen las guías, sino en dejarse fluir por la vida del lugar. Esta es la principal diferencia entre el turista y el viajero. El viajero busca experiencias del mundo que le rodea, de las personas y de los lugares que visita”.

(Cristina Guirao escribe del Camino de Santiago)

 Escribe Onfray que todo viaje verdadero empieza en un libro. Lo ratifico leyendo Crónicas a contrapelo, de mi bien querida Cristina Guirao. Elegí su libro como compañero de un viaje en tren. Trayecto, paisaje que se modifica con el ritmo imperceptible de la naturaleza, las palabras respiran y desbordan la ventanilla, el campo que se despliega hacia el sur siempre simbólico, las estaciones donde hay parada y mundos que invado y me invaden, rostros, silencios, los detalles, la arquitectura efímera que convoca un recuerdo… El tiempo. Leo y reconozco ciudades, la insignificancia de las distancias que se miden en kilómetros y la grandeza de las proximidades que, acaso a contrapelo, determinaron sin planificación que lo antecediera o presagiara nuestro modo de estar en el mundo. Viajar es una actitud, la que permite, como en esos pasajes metafísicos de Benjamin, atravesar el tiempo y el espacio. Viajar es la posibilidad de que todo lo esperado desaparezca en una calle de Venecia o de Toledo, alegorice la anécdota y, a la par, convierta en brújula una idea. Hasta aquí, una lectura deliciosa, la bocanada de aire puro que traen las no frecuentes experiencias profundas, inteligentes, creativas al pensamiento. Pero hay más: Filosofía, pensar como simiente cuyos frutos se llaman libertad porque reclaman sosiego; porque la incertidumbre y la duda preludian la escucha del sueño y el deseo como antídotos conjuradores de los miedos personales y atávicos. Porque tal disponibilidad impele a la creatividad, siempre en vela, que nos guíe y proteja también en la geografía del pensamiento objetivo. Razón poética, es decir, maestra de la democracia: no temer que los ojos de quien está frente a mí sean ojos enemigos. Pilares sobre los que se construiría ese mundo siempre por hacer donde justicia y belleza serían reflejo una de la otra. Estas Crónicas a contrapelo, donde Cristina Guirao ha abierto su cuaderno de bitácora viajero a los demás, es así.  Quien selecciona y cuenta sus diarios es una investigadora rigurosa que no rechaza el pensamiento creador. Su cuaderno se llena, entonces, de lo que está y de ausencias; y tanto lo uno como las otras, desvelan saberes donde las mujeres donan experiencia y palabra que sin la sutileza y entrenamiento ético de Cristina Guirao pasarían desapercibidas o se dejarían fuera de las maletas simbólicas que todo viaje ha de hacer si es que lo ha sido de verdad. Le escribo, durante el trayecto que se une a la lectura y hace que ambas disciplinas -viajar y leer- se acomoden en el mismo asiento, un mensaje. Lanzo una reflexión con la esperanza poética que la mitología nos ha acostumbrado a vincular a las botellas náufragas y a los libros de visitas que se nos ofrecen para que escribamos en ellos. Cristina responde; iniciamos una conversación a contrapelo. La mención de un libro lleva a una película indispensable, y la rememoración de un acontecimiento que de tan objetivo se nos ha hecho exclusivamente íntimo extiende un mapa sobre la mesa de la vida. Sus Crónicas a contrapelo interpelan a las imágenes, a las citas, a la amistad común, todo regresa en su expresión existencial, la conversación deviene tertulia y futuros. Los lugares a los que viajamos tienen tanto de nosotras como de ellos mismos, su evocación se hace personal en el momento que, perdidas, nos reconocemos allá donde nada se esperaba. Un espacio de lo común nuevo aparece, y es su reconocimiento auroral lo que permite que ese lugar visitado empiece a formar parte de todo lo que, a partir de él, se sumará a nuestra mirada. He ahí la diferencia incuestionable entre ese consumismo camuflado, esclavizante hasta la frustración, al que se llama “turismo”, y el ejercicio peregrino de conocimiento que entraña viajar. Nada tiene que ver con las maneras y los horarios, los precios de los billetes, la época del año o las aglomeraciones, no vayamos a equivocarnos en esto. Se trata de un punto de vista “a contrapelo” en épocas de exigencias irreverentes y palabras vacías. Concluyo la lectura a punto de llegar a la estación donde me esperan… Mi primera conversación es recomendar este libro. Y a ustedes…